REVISTA EL SORDO

Sección - ENTREVISTAS

Julián Peralta – Otro disparo en la noche

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por Carolina Buratti 
Ilustración por Izumi Isozaki
 
Sinsur (Julián PeraltaVictoria Di Raimondo) – Orquesta Típica Julián Peralta
 

Siempre es posible tomar algún acontecimiento en particular como excusa para hablar de algo más. El concierto presentación del disco “Un disparo en la noche Volumen 2”, nos abre la puerta a reflexionar sobre lo que hay detrás del oficio de músico. Hablemos de producción para acercarnos a una actividad que quizás nos resulte distante, inalcanzable, o llena de misterio.

Tal vez por la cercanía o por cómo comparte su experiencia haciendo que suene próxima a uno, entrevistar a Julián Peralta se hace cómodo.
Habla de su trabajo como cualquiera, rompe las barreras que en nuestro imaginario separan al artista del hombre común. Su oficio es, para él, como cualquier otro. Hablar de oficio implica hablar de trabajo, de construcción, de alguien que se formó haciendo, más allá del aval de cualquier título o formación académica.

Como un constructor, Julián músico planta los cimientos de su obra conociendo la técnica. Sabe que si pone más de cal o de arena pasará tal o cual cosa, y así trabaja. Hay una cuestión estructural: el tango. Y luego vendrá el toque personal, relacionado a su época y también a su gusto.

Arrancamos con una única certeza: hablar de producción es hablar de hacerse preguntas, una, dos, tres, mil. E ir buscando en el camino las respuestas. Preguntemos, pues.

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Julián está engripado, se vuelve grave esa voz nasal a la que nos tiene acostumbrados a quienes lo escuchamos seguido por ejemplo, al frente de sus clases en la Escuela Goñi. Sin embargo, la flojera de la gripe no lo detiene.

Este es el segundo disco de canciones que edita con su orquesta típica. Reúne una cantidad de nuevo material que mezcla composiciones propias con temas de otros autores. ¿Cómo elige el repertorio de un disco? ¿Cómo elegiría uno mismo un limitado número de canciones para grabar? Julián elige por gusto, y a partir de ahí es momento de sentarse al piano y toquetear la música, hasta encontrar aquellos lugares en los que siente que puede aportar algo. “Cuando es música propia, ya en la cabeza está el clima del tema. Pero si es música de otro, primero me tiene que gustar y le tengo que encontrar un sentido para hacer una versión distinta. Y esto tiene que ver con varias cuestiones: técnicas, estéticas, éticas… Me pregunto si lo que puedo aportar como recursos técnicos musicales le suma a la obra o no, si encuentro un camino para profundizar lo que viene diciendo o, por lo menos para hacer una relectura que tenga razón de ser. Y después de eso, analizo si, aunque le sume estéticamente, no estoy rompiendo el discurso que el tema trae. Si todo eso está encaminado, me siento, manoseo la música un rato más, busco, sigo manoseando, aparecen cosas y cuando la idea está bien, ahí le doy”.

Pero en este disco, no solo hay temas de otros. De las 12 canciones, 6 tienen música de Peralta. Acá hay otra instancia de definición. ¿Cómo se hace una canción? ¿Letra y música se escriben a la par? Julián no escribe las letras (por lo menos no por ahora), entonces busca ¿Cómo elegir quién le pondrá letra a la música? ¿Interviene el músico en decisiones sobre la letra que tendrá la canción cuando el poeta es otro? Dice que para elegir a los poetas con los que quiere hacer equipo para cada canción, está atento nuevamente a aquellas cosas que le gustan. “No soy crítico de literatura, no sé por qué me gusta. Me llegan las cosas que hacen. Me gustan”. Es quisquilloso, y si bien no opina en relación a lo poético, se queja cada tanto si alguna palabra resulta inconveniente para la instrumentación o si se quiere agregar o quitar una sílaba. “Hay que ponerse de acuerdo, porque obviamente son dos lenguajes bien distintos letra y música, y para que la canción fluya tienen que estar muy cómodos los dos. Entonces hay que hacer un trabajo conjunto”.

Del resto de los cantores que integran el plantel podemos decir que algunos ya grabaron en el primer disco, o se conocen del mundo del tango, en el que Julián ya lleva (saca la cuenta) 22 años trabajando sin descanso. Este conocimiento hace muy simple la relación. Y también hay nuevos cantores que se van sumando a la familia tanguera. Todos aportando su particularidad para que cada tema adquiera su propio clima, una intención, una emocionalidad particular.

Llegamos hasta acá sin preguntarnos, por qué armar un segundo disco de canciones. ¿No fue suficiente con el disco anterior? ¿Había más canciones en el tintero para grabar? ¿Qué cosas movilizaron este nuevo trabajo? Julián dirá entonces, que este nuevo disco, como el anterior, es para romper las pelotas. “El disco es distinto porque son otras canciones, hay otros compositores. Toda la actividad humana es parte de un todo que siempre habla de lo mismo. Las canciones nunca se agotan, son todas distintas. O son todas iguales y hablan de lo mismo y son porciones de lo mismo… Lo que también es posible y cierto”.

Entonces, cuáles habrán sido las diferencias entre los procesos de cada uno de estos discos. El primero como nacimiento de un proyecto, partiendo de una idea, y el segundo ya desde la experiencia previa, habrán tenido sus momentos de particularidad. Y más preguntas ¿Cómo es el proceso de trabajo? ¿Hay un orden? ¿Se trabaja de a una canción por vez? ¿Se trabajan varias a la vez? “El disco anterior se escribió en los últimos diez días antes del primer ensayo. Porque la fecha límite siempre es el ensayo con la orquesta, no el día del concierto. En un momento me di cuenta de que faltaban once días. Y ahí me puse a laburar 16 horas por día, a escribir, una guarangada. Así que ahí no sé cuál fue el método. En general, eso es muy caótico. Depende de la situación, de otras actividades que hago, ensayos, cuestiones coyunturales, para cuándo es la grabación… Son horas trabajo. A veces con varios temas a la vez, a veces no. Con el segundo disco hubo más tiempo. Los primeros cuatro arreglos estuvieron listos un año antes. Los siguientes cuatro, estuvieron 4 meses antes. Para una semana antes, ya tenía diez de doce, así que al último ensayo solo llegué con dos nuevos arreglos. Hubo más tiempo de trabajo”.

Suena natural todo esto que dice. Pero, afilando la escucha se puede ir un poco más allá y preguntarse ¿cómo es posible que alguien se avive once días antes que tiene un ensayo con toda una típica y aún no está terminado el repertorio de arreglos y composiciones? ¿Qué otras cosas pueden distraer a alguien de un asunto tan puntual y, al parecer tan importante? “La vida tiene otras cosas. La música es una porción, es importante porque me dedico a eso, pero no es lo más importante. La actividad verdaderamente importante es la propia vida. La música es un medio para conectarse con la sociedad. Entonces uno tiene actividades sociales que hacen que se llegue con el tiempo contado. En el momento del primer disco de la típica estábamos trabajando con la Escuela y el Teatro Goñi, sosteniendo el espacio. Y a nivel musical también uno tiene la responsabilidad de estar en su grupo, Astillero, giras, conciertos. La actividad docente… En conclusión, hay muchas actividades que uno hace, tomarse un vino, compartir con amigos, ir a escuchar un concierto, y son tan importantes como la música”.

Muy bien, hasta acá tenemos más o menos un panorama de lo que fue la construcción de estos dos discos. Sobre la vida de Peralta, podemos agregar que es docente en la EMPA y en la Escuela Goñi, proyecto que sostiene junto a otros colegas y que se dedica a la enseñanza y profundización del lenguaje del tango; que también dentro de la docencia es fundamental el aporte que hizo con su tratado técnico musical “La orquesta típica. Mecánica y aplicación de los fundamentos técnicos del tango”; que es parte de Astillero, grupo que ha viajado por todas partes llevando el nuevo tango a lugares impensados; que arrancó hace años, cuando armar una orquesta de tango era una rareza, algo a lo que pocos se animaban y esa actitud de búsqueda e inquietud la ha sostenido a lo largo de toda su carrera. Se puede pensar en perspectiva que cuando arrancó, era atrevido armar una orquesta de tango, recuperar un lenguaje que resultaba lejano a la juventud. Lo sostuvo con militancia y hubo un nuevo atrevimiento, que constituyó el hecho de dejar el tango tradicional para sostener la bandera de las nuevas composiciones, instrumentales y cantadas. Ahora que eso no nos resulta generacionalmente tan lejano (ya que, por suerte, por prepotencia de trabajo o por desarrollo natural, hay muchas agrupaciones tocando música nueva de tango), surge una pregunta que dispara también hacia adelante ¿Qué es lo atrevido de esta época, en la que el tango parece ya haberse instalado nuevamente en algunos espacios? Julián explica la filosofía que hay detrás de sus acciones. Entonces… “Lo atrevido sigue siendo la creación. La creación es siempre atrevida. Si es honesta y no utiliza copias baratas, va a ser obviamente una actividad rebelde. Cuando hay música nueva que recurre a recursos que no lo son, es igual que hacer música vieja. El limite no está ahí, si es nuevo o viejo, el límite está en si uno busca ser honesto con uno mismo. Entonces sale lo que uno es y eso nos da inevitablemente una voz particular, porque somos distintos. Si esa voz particular aparece, es porque se es honesto y eso genera obligatoriamente una música nueva que tiene una impronta distinta al resto. Eso es la creación. Todo lo que no sea eso, será o repetir formulas del pasado o directamente tocar música del pasado. La creación requiere ese grado de rebeldía y ese grado de sinceridad”.

Al tiempo que dice esto, también conoce las diferentes instancias del proceso creativo, que está ligado íntimamente a la formación y la investigación personal de cada uno. “Cuando uno está en sus primeros procesos de la creación apela a más recursos tradicionales y apenas a unos pocos elementos nuevos. Se recurre apenas a algunos cambios de las cosas del pasado. Pero en la medida que uno va profundizando en su búsqueda interna, resultan composiciones cada vez más distintas de la historia”.

Hilando un poco más fino, entiende también el sentido la liviandad de la existencia y lo relativo del asunto. Tal vez por eso le pueda dedicar tiempo a otros placeres que hacen que se avive a diez días que tiene un concierto por delante. Creo que empiezo a entender… “No creo que uno tenga que ir corriendo detrás de la originalidad, sino detrás de la honestidad. Por ejemplo, Beethoven es considerado quizás el compositor más revolucionario de la música occidental. Sin embargo la diferencia entre Beethoven y Mozart probablemente sea un mínimo porcentaje. En un mundo con 7 mil millones de personas viviendo, lo que uno pueda agregar como hecho novedoso no será algo demasiado especial o demasiado original. Será original por el solo hecho de ser verdad. Hoy por hoy cada vez es más es más original la verdad y la honestidad porque cada vez hay menos. Entre los 7 mil millones hay mucha gente que prefiere mentir en Facebook que es feliz”.

Julián hace realmente lo que quiere. No por capricho. Es convicción lo que se lee a través de sus palabras y sus acciones. Ojalá que sea contagioso. Termina la nota con una sensación de desamparo y esperanza. Desamparo porque al parecer, cualquier cosa que hagamos será insignificante históricamente. Y esperanza porque ese fracaso implícito nos obliga a hacer lo que nos venga en gana. A romper las pelotas pues.

Sección Julián Peralta completa

Black

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por Carolina Buratti 
Ilustración por Paloma Márquez
 
Algunos miran, otros hablan – Orquesta Típica Julián Peralta
 

Hicimos todo mal esta vez: el grabador correcto no funciona y lo notamos a último momento. El celular bueno para grabar no tiene batería y el celular malo para grabar, es más malo para grabar que celular. Nos citamos en una plaza -Black aprovechará para pasear a su perro mientras charlamos- y al llegar, se larga a llover. Por supuesto, nadie tiene paraguas ni piloto ni buena suerte, claro está.

Anchorena y Perón.
Lluvia.

El Black Rodríguez Méndez que llega a la entrevista no tiene puesto un traje blanco, ni lentes de sol, ni la flor en el ojal. No tiene un micrófono en la mano ni la sonrisa de escenario con que nos hechiza mientras canta. Tiene en cambio, una bermuda oscura, una mochila al hombro y el paso firme (eso sí, igual que arriba).

Unas cuadras hacia el bar. Hablamos de Córdoba y sus bondadosos pueblos para descansar. Qué es descansar, cuánto tiempo puede uno descansar…
El bar.
Soda.
Rec.

“Pasan los años… A mí me pasan… y entiendo que hay algo que atrapar. Profundizar en qué es lo importante para uno y después atraparlo”.

Black, dice que no toca la guitarra, pero aprendió un poco con su hermano y con su primo. Entonces, toca. Black dice que no escribe arreglos, pero cuando se junta a ensayar, tararea a cada músico la parte de cada uno de los instrumentos y así arma la orquesta. Entonces arregla. Black dice que es de acá, pero es de allá y de más allá también. Y así, como quien no quiere la cosa, Black saca un disco.

Suena la voz de Black más fuerte y grave que la de cualquiera en el bar. Habla de su familia, de sus amigos. Uno puede ver una montaña de gente que se apila en su corazón y se cambian de lugar y bailan y siempre hay música y asado y todos sonríen y…

Black no se quiere perder nada… Habla del gusto por esa poesía que deschava sin rodeos. Le urge desnudarla si se viste con mil firuletes. Hablamos de canciones. De ellas le atraen las historias, las imágenes. Nombra “Mataderos” del Pacha González, nombra “Perdidos” de Migue Suárez. Se define con las palabras que dicen claramente, que cuentan un cuento que todos entendemos. Y así nos canta cuando nos canta, contando. Black es un gran contador de cuentos, dejamos que su voz y su cuerpo entero nos cante, con sus gestos, elegidos para la narración. Black llena su cuerpo de palabras que todos podemos entender aun en los silencios. Mientras todos nos callamos para escucharlo, Black es palabra de cuerpo entero. Es el portador de estas historias que lo movilizan.

Como un guerrero Black cuida la canción, defiende cada una de las historias que narra. Sabe cuidar el escenario, moverse, sin fastidiar. Hipnotiza. Sabe cuántos pasos tiene que dar para no chocarse con las cosas: cables, micrófonos, músicos. Sabe poner la distancia artística que protege a la canción. Pero antes sufre. “Sufro hasta llegar arriba del escenario. Estoy tenso. En el escenario me libero. Antes estoy pensando por dónde entro, hay un pie, cuánto espacio tengo… Es el trabajo del actor. Es el hecho de cuidar la música, la escena… Dónde vas a estar, con qué mano agarrar el micrófono. Proteger la obra. Proteger la canción”. Y agrega: “Así como está lo cuidado, está también el desborde… Me encanta”.

Hacia atrás, Black tiene mucha historia. Un buen día se fue de Lanús y construyó otra patria en Almagro, barrio que conoce de memoria y del que podría ser historiador de alguna de sus plazas… “Anchorena y Perón…”. Alguna vez estudió teatro, alguna vez estudió clown y de todos esos lugares se trajo algunas cosas: “No dar el culo al público. Elevarse, observarse -no criticarse-. Me observo, no me juzgo”. Hacia atrás y también hacia adelante, Black canta tango, canta cumbia, canta chamamé… Canta lo que se le ponga en frente y lo movilice. Se luce con la Delio Valdez, con La Púa, con la Típica de Peralta… Brilla siempre y en este caso el Black no se chupa la luz, sino que la expande.

Habla de su vida, de sus temores, no se guarda nada… La pasión por lo que hace se le escapa por todos lados. “¿Llegar al final de la vida y tener cosas pendientes? ¡Qué no quede nada!” dice Black, y decimos con él.

Tiene en mente una película llena de personajes habladores, de esos que de pronto se te aparecen en un bar y dicen sus cosas. Seguramente con el empuje que lo caractariza, esta idea se hará película y la veremos en algún tiempo.

Black en una lista:
No mira tele.
Practica budismo.
Enfrenta sus miedos.
Crece.
Se rodea de gente. Es buen amigo de sus amigos.
Su familia chorrea por todos lados, en todos sus rincones aparece.

Escribe sus canciones, las orquesta, las toca en banda. En sus canciones habla de sus cosas, o no. Escupe lo que sale cuando escribe, no se cuestiona.

“Cuando me quedo sin nada me pregunto qué quiero hacer. Y lo hago”.

Sabe lo que quiere. Va hacia ahí.

“Un momento de libertad que uno pueda robarle a lo establecido, como un guerrero que roba libertad.
Paguemos el precio justo
por la libertad…
por la libertad…
por la libertad”.
Repite, como una canción. Y claro que cantamos con él.

***

El Black detrás del Black del escenario camina como un hombre cualquiera. Se agazapa el Black que encandila arriba con las luces y deja pasar al otro, al de todos los días, con sus cosas cotidianas, sus temores, su risa de repente, sus pausas al hablar. Se termina la tarde y lo vemos irse. La próxima vez que nos crucemos, seguramente será con el otro, el Black al que todo le creemos cuando canta, el que juega en escena e hipnotiza, el que nos tiene prendidos a su hazaña de artista contador de historias. Seguramente la próxima vez que lo veamos irse, le pediremos ¡Otra!

Sección Paloma Márquez completa

Alejandro Guyot – Literatura y tango

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por Carolina Buratti 
Ilustración por Joaquín Le Bellot
 
Otro lugar – 34 Puñaladas
 

Alejandro Guyot es cantante, letrista, compositor, poeta y escritor. Forma parte de la agrupación 34 puñaladas desde hace más de 16 años y es uno de los grandes protagonistas de la escena tanguera del siglo XXI. Fue cantor de la Orquesta El Arranque, el Cuarteto Julio Coviello y participó en Astillero. Sus canciones forman parte del repertorio de muchas agrupaciones tangueras actuales: Altertango, Astillero, Orquesta Típica Ciudad Baigón, Cuarteto Julio Coviello, Quinteto Negro la Boca.
Participó como cantante invitado en Altertango, Agua Pesada, Orquesta Típica Julián Peralta y Orquesta Típica El Afronte y en un proyecto de Danza Aérea de la coreógrafa Brenda Angiel.
Junto a 34 Puñaladas en el año 2002 ganó el Premio Clarín en el rubro “Tango Revelación” y fue elegido en el mismo rubro por diario La Nación. En 2006 fue nominado para la edición de los Premios Gardel en el rubro “Mejor grupo u orquesta de tango”, y en 2007 en el rubro “Tango nuevas formas”.
Se ha presentado en escenarios de tango y worldmusic en distintos lugares del mundo, entre ellos Italia, España, Austria, Portugal, Francia, Australia, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Chile y Brasil.
Su libro “Brumarios”, editado en Argentina y presentado en Buenos Aires, fue traducido al francés para su posterior presentación en París.

Llega con sus gafas de sol, deja las llaves del auto en la mesa, el teléfono. Pide agua. Se ha cruzado la ciudad con todas las calles a medio refaccionar en pleno mediodía. Está a mitad de camino entre la almohada y la clase que da en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Hace calor, en el bar hay ruido pero no nos importa. Entonces, Alejandro dice.

Las palabras se le caen cuando habla y cuando escribe. Hace unos años, con el cajón del escritorio desbordado de palabras en papeles que chorrean hacia todos lados, pidió consejo a don Guillermo Saccomano sobre qué hacer con todo eso. “Publicalo”. Brumarios vio la calle, transitó por Buenos Aires y cruzó el Atlántico para su presentación francesa. Las palabras de Alejandro viajan hacia otras tierras y hacia otros idiomas. Después de la poesía y los textos breves, seguirá la novela que lo mantiene desvelado por estas noches.
Precursor en las agrupaciones tangueras de la última generación, sus inicios como cantante se dieron de manera natural en El Arranque, invitado por Ignacio Varchausky con quien había compartido anteriormente movidas rockeras. Primer hito en su historia personal dentro del tango.
34 Puñaladas se constituye como su grupo base de operaciones, desde ahí empieza a tejer redes. En paralelo se da su paso por Astillero y el camino hacia las nuevas composiciones que surgirían desde este proyecto. Bombay Buenos Aires, disco de nuevas canciones que graba con 34 Puñaladas, termina de definir una línea de trabajo. Alejandro escribe y canta nuevas letras. De a poco, la poesía urbana se empieza a sacudir con la aparición de nuevos letristas.
Para aquellos que tienen el vicio de las palabras, que se alimentan de juegos mentales yendo y viniendo por tal o cual sonoridad, por tal o cual metáfora, siempre hay algún recodo donde refugiarse con palabras de otro. “Mitad” de Acorazado Potemkin es el lugar elegido por Guyot. Su canción favorita.

La mitad – Acorazado Potemkin
Letra

¿Qué es eso que se busca en la música popular? “… Algo que te movilice, una sinceridad estética, algo que te vuele la cabeza”. Alejandro puede y sabe dividirse o fundirse entre múltiples mundos: “una cosa es lo que escuchás por placer y otra es dónde trabajás tus inquietudes artísticas”. Su camino, decididamente es la música popular. Ese espacio de exploración, de búsqueda que al principio fue ver qué tal quedaba el traje de tanguero, luego ver cómo podía ponerle sus palabras a la canción y finalmente hoy es ver cómo suena en él ese nuevo tango de otro. La circulación del repertorio, uno de los puntos claves para que el tango siga creciendo y llegando a nuevos públicos. “Hay que salir a copar otros escenarios, donde hay gente que no sabe que le gusta el tango. Pero le gusta”.

Toma agua, se ríe. Es divertido charlar con él. Hace chistes, dice cosas “off the records”.

Resuena en sus palabras un recorrido por los últimos años del género: “desde que el tango entró en decadencia, el rock tomó la posta de la poética urbana (con Charly García, Spinetta, Cerati, el Indio Solari, Palo Pandolfo…)”. “Hubo un momento de gran decisión de no conformarse con lo que se ofrecía y ahí empezaron las búsquedas que dieron lugar al desarrollo de lo que es la escena actual”. “Es imposible aislar quirúrgicamente aquellas sonoridades que fueron influenciando a los músicos desde entonces, de nuestro tango de hoy”. “El tango es esa mezcla milagrosa donde convergen la búsqueda, el amor y el compromiso por volver a reconocerse en una música, en un acento, en una manera de hablar que trasciende Buenos Aires”. Alejandro evoca también las nuevas movidas encabezadas por ciudades como Rosario, Mendoza y algunos puntos de Europa.
Alejandro habla el idioma nuestro y el otro idioma nuestro también. Dice que “un género musical es como un idioma al que siempre se suman parlantes que le aportan elementos y lo reformulan”. De la misma manera que uno reformula los conceptos aprendidos de sus maestros y, al reformular, necesariamente traiciona. Alejandro vuelve a mirar, traiciona para crear. Se nombra y se desnombra cantor, poeta, músico… Cada uno da lugar al otro y esa multiplicidad lo vuelve una síntesis de lo que viene sucediendo con el tango, un terreno donde para muchos el camino fue aprender a tocar, a escribir, a reconocer cada uno de los elementos, abrir la puerta, cobrar las entradas, grabar el disco y venderlo.

En ningún momento mira el reloj. Todos tenemos la sensación de que ya es tarde porque la luz ha cambiado, pero queremos seguir. Es un privilegio esa posibilidad de saber cómo trabaja el otro, cuáles son los pasos que sigue en la creación, cómo ha ido construyendo este camino.

“Elegir el tango como manera de manifestarse es asumir la presencia de un pasado”. Asumirlo, conocerlo y probablemente traicionarlo para generar un nuevo tiempo, una nueva música que contiene tal vez necesaria e irrespetuosamente algo de sus orígenes. “Una nueva música como escenario posible para reflexionar sobre el quilombo en que está inmerso cada uno (…) En principio como una reflexión personal y luego hacia afuera”.

LOS CÓMO DE GUYOT
Sin método, en el caos, dejando que aparezca la materia prima desde los lugares más íntimos. Así escribe Alejandro. Va siguiendo el camino que la música le dice, encontrando las palabras que se empeñan en aparecer solitas en alguna parte de la melodía. Y en ese recorrido de ida y de vuelta, la cosa empieza a armarse. Escribir es reescribir ha dicho alguien por ahí. Desde esas primeras palabras que sugieren un sinsentido, la historia va creciendo a fuerza de empeño.
El camino como cantor al llegar cada letra, va desde afuera hacia adentro. Respetando letra y melodía original (si es tango tradicional) y pidiendo permiso para reformular alguna cosa incómoda a la voz (si es tango nuevo), el segundo paso es ver en qué lugar de su historia personal esa letra lo está tocando. Cómo ser el narrador de esas historias que piden infinidad de caras, de emociones y de imágenes. Dice que, en definitiva, un cantor es un medio para contar una historia.

QUÉ QUEDA POR HACER
“Hits (una palabra muy poco tanguera). Necesitamos una enorme cantidad de hits. Ya hay algunos que empiezan a serlo: Regín, Milonga en luto… Hay que esperarlos y crearlos. Quiero escuchar lo que va a venir”.

***
Alejandro habla, nos cuenta. Está llegando tarde a su próxima reunión y no le importa. Nombra a Tuñón, a Borges, a Gardel. Nombra a sus colegas contemporáneos. Así como se le caen las palabras se le cae también el tango por todos lados. Lo desborda, lo atraviesa. Se va y la mesa del bar se queda llena de sus sonidos, de su música, de su poesía. De su generosidad, de su búsqueda, de sus certezas y de sus preguntas. Esas preguntas que lo han traído hasta acá y lo han convertido en un referente. Salud por el inquieto Guyot. Salud por su movimiento permanente. Alejandro Guyot, un trabajador a la vanguardia del nuevo tango.

www.alejandroguyot.com.ar