REVISTA EL SORDO

Tango Transhumante

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EL DIA EN QUE SE APAGUEN TUS TANGOS QUEJUMBROSOS

por Hernán Gallegos
Fotografía por Jato.Cheko


“Un farol, un portón…
Igual que en un tango…”

Expósito bien podría haberse referido al teatro ciego allá por los años viejos. Porque entre tanta tanguería pretenciosa e inaccesible para los bolsillos y las almas, hay un ciego, que, en lugar de organitos últimos y loros clarividentes, se montó un espacio que alumbra el barrio del Abasto con el lucero del sonido.
Porque decir que la estética -sea en un grupo de tango o de cualquier otra cosa- resulta poco relevante, sería faltar un poco a la verdad, o al menos no querer ver que todo lo que sume para bien en un espectáculo debe ser bienvenido. Pero al entrar al teatro ciego, músicos y oyentes nos sometemos a una propuesta diferente, que deviene en emancipación de la cuestión visual, ya sea de la que enriquece o de la otra.
Entramos, como podemos (o más precisamente, como nos dicen) y ayudados por un lazarillo. Abrimos y cerramos los ojos ojos mil veces, y, al menos por ese lado, nada.
Ocurre que la noche, para algunos, simplemente es. Tango Transhumante está hecho para esto, tocan tangos antiguos que suenan a tangos de hoy, de ayer nomás. Como si hubiesen sido compuestos para un momento otro. Para un momento íntimo de oscuridades nuevas.

Suena “Pero yo sé” e inmediatamente sabemos que todo lo vamos a escuchar, y que los músicos están tan cómodos como nosotros, con los ojos vendados por la circunstancia. Sigue “El Milagro”, “Cuesta abajo” le hace de preludio a “Margarita Gauthier”, a manos del pianista Ovidio Velázquez, único invitado, a quien pareciera no importarle el género ni las formas, sino sólo la música. “Cristal” merece párrafo aparte.
La interpretación que Luciano Rosini hace de Cristal obliga a pensar que nunca hubo un Contursi poeta. Si hasta pareciera que Rosini y Mores se hubieran juntado una tarde en algún patiecito viejo a componer este tango hermoso, cara a cara y el uno para el otro.
Podemos decir, si cabe, que lo que nos entra por las orejas también comienza a oscurecerse. Tango Transhumante cantará la retirada; “Oro y Plata” en versión Pink Floyd. Mientras el bajo tumbado se hace eterno, Alvaro Porto se sube al tractor que propone Mariana Borghi e improvisa como lo hizo durante toda la noche, como el pibe que ataja los penales sentado en una silla.
La música deja de sonar y salimos.
Tenemos los ojos puestos.
Y así, conscientes de haber escuchado la armonía perfecta entre arreglo e improvisación, nos vamos yendo, silbando bajito y felices, por un rato, de haber sido obligados a despojarnos de alguna que otra vanidad.

TANGO TRASHUMANTE
Luciano Rosini – Voz
Alvaro Porto – Guitarra
Mariana Borghi – Contrabajo
www.myspace.com/tangotranshumante

Centro Argentino de Teatro Ciego
Zelaya 3006 – Abasto
Ciudad de Buenos Aires.
www.teatrociego.org