CRÓNICAS DEL TANGO NUEVO – Por Sebas Abdala
Pura Racha lo hizo de nuevo, y mejor, demostrando que como proyecto ya tienen una entidad propia, una personalidad de fuerza establecida, y un ángel (oscuro y algo demente, eso sí) para innovar en la escena del Nuevo Tango Argentino. Se presentaron, esta vez, en mi guarida mística favorita: Pista Urbana, con todo lo que eso implica en cuanto a ambiente, sonido y magia ritual, que en este show, le suma un aditivo que lo terminó convirtiendo en una experiencia lóbrega. En la serie de conciertos con los que están presentando su tercer trabajo “Resonancias oscuras”, fue recibida, como es costumbre, por una sacerdotisa del local, pero esta vez, la interpretación de Estefanía Vallejos Innocentti, lanzó el primer conjuro para una alquimia visceral con un contexto adecuado al concepto planteado por los atípicos Beto Flores y Damián Cegarra: recitados de terror.
Arrancaron con tres tangos instrumentales, con una seguridad y un aplomo que los pone como un cuarteto instrumental de estirpe combativo. Turco, por ejemplo, me pareció de una inmensidad tal en la ejecución, que me hizo notar la avidez por sembrar una estructura de resonancia desde donde cada instrumento es distinguible, pero a la vez se compenetra para que el Todo sea impenetrable. Las melodías del piano te envuelven dentro de esa cadencia tanguera de la narrativa que el bandoneón propone y te va guiando para que, el ejercicio de escuchar en conjunto, el chelo y el contrabajo de fondo, afiancen la puesta en escena que, por muy acústico que sean los sonidos, hizo que lanzaran un muro de armónica potencia, bien soliviantado por el técnico de la sala. En esa noche fría de agosto, el calor ya era una entidad presente.
Hablando de entidades, salió a escena el Beto Flores, con su libreta negra llena de misterios y, con la oscuridad y eficacia de su voz, lanzó al ruedo lo que fue el primer corte del disco: Bocafloja. Y aquí es donde todo terminó de congregar en una propuesta artística impecable que agregaba el violín para generar pasajes, no sólo más melódicos, sino también para vestir a la triada que se terminan de componer con Bartolo, y el pendiente de estreno Juan Piyama. Influenciado por esa admiración de los bonaerenses por los mitos y rituales de religiones o creencias oscuras, o no tan luminosas, y separadas por interpretaciones de los discos anteriores, se vivieron momentos de una narrativa hipnótica. Cuando se nombras influencias de los escritores, muchas veces no se hace justicia a la originalidad de los textos que se firman, pero la originalidad de cada línea escrita por Beto, recuerda levemente a Laiseca por su admiración hacia los hechos fantásticos. Su lectura con voz acentuada en quien narra el terror de eventos sobrenaturales que ocurren con compendios cotidianos, hizo que el público se sintiera atrapado al, por fin, escuchar algo así como anecdotarios de miedo sin necesidad de irse a una universo inexistente o yanqui.
La sinergia de la banda con las historias, en verdad, también tuvo un valor agregado por, y perdonen que me repita, saber manejar una potencia que ilustraba aquello con lo que el narrador te iba dislocando las muecas a medida que, con leves gestos teatrales, paneaba una sucesión de hechos que te metían en todo el asunto. Revolver las tripas de esa suerte de teatro oral de los espantos, se hizo presente con una orquestación llena de complementos técnicos que no pasaban desapercibidos, al contrario, formularon una propuesta que entre tema y tema, se hizo centro de varias conversaciones entre la gente
con frases como “A unas calles de acá hay un caserón embrujado”, “Siempre hubo brujería en esta zona” o mi favorita “Al lado de Parque Lezama está el centro espiritista tal…”. Éxito absoluto de la propuesta, de nuevo, ejecutada con el aplomo adecuado, sin sobrepasarse ni exagerar gestos o estertores de violín y chelo, y pintada con una banda que se lució al orquestar sin fallas en compases, ni opacar con su sonido al vocalista.
El ambiente ejercitado por Pura Racha, desde su disco inicial, Buenos Aires Subterránea, juega con esa oscuridad, nunca alejada de la melancolía, pero siempre arraigada con alguna cuestión más: rabia; Cielo cromo o Mitre al fondo son una muestra de ello. Temblor, incluido en el disco Historieta, un proyecto que algo avisaba de que Pura Racha estaba buscando otras experiencias dentro del tango, certifica que, la avidez de personas con inquietudes de hacer algo nuevo, son recompensas para aquellos que vamos buscando con curiosidad experiencias demenciales, con ese toque que solo la oscura y misteriosa Buenos Aires nos puede brindar. Si no me creen, vayan a escuchar lo que cuentan los Pura Racha en estos dos primeros singles: Bocafloja y Bartolo… y esperen a conocer el trágico final, y lo que desencadenó la muerte de Ramírez para Juan Piyama.
Agradecimiento total, de nuevo, a Pista Urbana y Estefanía, por permitirme escribir para abrir este espectáculo que tuvo toda la mística del tango, la potencia de músicos profesionales que saben lo que buscan, y la oscura literatura que se propuso para presentar este trabajo de Resonancias Oscuras.