REVISTA EL SORDO

CRÓNICAS DEL TANGO NUEVO: Dúo Sensottera – Carrizo + Noctámbula

CRÓNICAS DEL TANGO NUEVO – Por Sebas Abdala

Para quienes no lo sepan, llevo muy poco tiempo viviendo el Tango. Antes de mayo de este año mis milongas favoritas eran muy determinantes a mi vida adolescente y mi percepción Arltiana de baires. Pero el muchacho de ese entonces, por suerte, ya no existe. Y aunque “Balada para mi muerte” sigue a hierro en mi playlist cotidiana, otras personalidades y complejas almas se han hecho un hueco, a un nivel tan profundo, que hasta mi entorno pide ver este mundo tan simple y complejo a la vez. Tan maravilloso y pérfido, corrosivo y sedicioso. Proscrito. 

No hay rito tribal más humano que juntarse a beber en torno a una hoguera. Y en este caso, por un mero gesto de cierta civilidad, en la Sala Bodoc, de Hasta Trilce, no se ha visto humo; pero el fuego, camaradas, estuvo cada de sábado.

La noche que se presentó Pablo Sensottera junto a Majo Carrizo, definitivamente, creo que terminé de entender algo. No sólo por las personalidades avasalladoras de cada una, sino por la estricta genética artística que se imprimió en las contundentes músicas que refrendaron. Majo Carrizo aguijoneó las palabras hasta un epitafio donde ninguna esperanza podrá, tal vez, crecer con cierto sentido de la lucidez. Las canciones elegidas pasearon por una suerte de autores clave para nuestra historia más reciente, Arazi, Sensottera o Baiardi, dando ella, con su interpretación arrabalera y potente, aunque suave y melancólica también, todo el arte posible a esta época. En otras palabras puso a la poesía y al oficio de cantora un nuevo alias que, por supuesto, desconozco todavía.  Seguiré intentando inventar algunos términos, o encontrar nuevas metáforas. Repito, estoy en el inicio de un vórtice resignificando cada adjetivo de mi pobre vocabulario. (Un saludo a Pétalo Selser por este empujón al Infierno).

Con respecto a Pablo Sensottera y sus ejecuciones sólo decir que deslumbra el brillo mágico que le mete a cada nota. Su panóptico mental desde donde todo lo observa para crear melodías tan nuestras es, seguro, otra desquiciada respuesta de una raza de personas que se niegan a dejarse llevar por lo pasatista y barato. Los lectores asiduos de este Medio, por supuesto, saben qué calibre portan sus tangos y, dentro de lo poco que sé, puedo afirmar que el tango que más veces he oído versionado desde mi llegada a este averno es “Puente Pueyrredón”. Lo cual me da la razón en determinadas reflexiones nocturnas, los himnos de una Era los elige la gente, no los payasos mediáticos que se deslucen cada vez que ascienden un escalón en el streaming berreta de vitorear a los milicos dando palazos a la gente. Para más brillo y procacidad metafórica de este cronista, hizo aparición en escena el bandoneonista Patricio “Tripa” Bonfiglio. Los rumores en la sala fueron varios (“¿Cuándo volvió?” “¿Se queda?” “Seguro está grabando un disco”), el asombro y el cariño que se notó en estos comentarios fueron una apreciación que debo transcribir. En unas breves palabras comentó que París no es tan linda comparada con Baires, y que va a estar yendo y viniendo y, por supuesto, está grabando un “algo” con Sensottera. Su participación en algunas canciones instrumentales fueron de un brillo y una perfección tan oscura como impresionante. Y estos son los momentos en los cuales renuncio a cualquier apreciación acerca de la técnica porque no hay sentido alguno en narrar lo evidente.

Luego cerraron la noche los y las salvajes de Orquesta Típica Noctámbula, dando una nueva muestra de su velocidad a la hora de perfeccionarse cada día, cada ensayo. Tuve la suerte de entrevistarlos un par de noches antes, de conocer un poco más el sentimiento apasionado que los lleva a Ser. Sí.

Ser. 

Listo. 

Mi estremecimiento frente a la poesía que reflejan cuando comienzan a tocar, me hace pensar que cada movimiento, compás, armonía, arreglo y gota de sudor, tienen una carga metafísica, muy superior a cualquier otra ejecución que, vanamente, apoyada en tendencias y algoritmos, no dejarán Nada a los que vendrán. Además sus creaciones son acertadas desde la técnica compleja e irreverente a la hora de hacer sentir el tango “Enigma”, por ejemplo, como algo distinguido y de estación de trenes con olor a traición cercana y pises a la vez. Pero también han hecho cosas con otras joyas que, con meros detalles, ilustran ese salvajismo propio de Noctámbula, tan atento a pormenores delicados; me refiero a su versión de “Fiebre”, por ejemplo, que con unas liviandades del piano te hacen sonreír y agradecer el buen tino de sus variaciones. Esa noche los acompañaron en voces Nahuel Laita (“Tendal” y “Despedida”) con un aplomo de garganta lijada y emotividad pulcra, y Jessica Leventoux (“Puente Pueyrredón” y “Manifiesto Nocturno”) también con tristeza sórdida de gases lacrimógenos en todas partes, y la justicia social en el Tango. Brillo oscuro que complementó otra presentación antes de que podamos acceder al primer E.P. de la orquesta en cuestión. No me extiendo más acerca de estas gentes, pero pueden leer otras percepciones anteriores en (https://revistaelsordo.com/cronicas-del-tango-nuevo-noctambula-el-desarme-umbrales/)

O escuchar la verdadera rabia y lucidez con la que organizan y manejan la esencia de cada paso que dan en una charla que tuvimos en El Coyote (https://www.youtube.com/watch?v=ti3oIhvW5fI&list=PLdZbqahCBT5a0I6rHnlcPfQ_J7vAqnX51&index=2) a partir de la hora catorce minutos.

Queda poco para cerrar un año que deja un saldo positivo para los proyectos que pasaron, las inquietudes de lo que vendrá y quedan pajarracas tangueras todavía para romper los arquetipos inexactos de una ciudad que pide a gritos más música de verdad y menos policías. Mis más sinceras gracias a todo este Mundo que, de un modo u otro, está colaborando para que, por un cuestión de pura contra cultura, el Tango y sus himnos sean la mejor elección en un mundo donde, nos quieren hacer creer, que el problema es la I.A., y no la falta de búsqueda de algo más que veinte segundos de temblores instagrameables. Nos vemos en los puentes, o en Sala Bodoc.