REVISTA EL SORDO

CRÓNICAS DEL TANGO NUEVO: Vaho + Arcano

CRÓNICAS DEL TANGO NUEVO – Por Sebas Abdala

Hablando de nuevas ejecuciones y orígenes del Tango Nuevo, tuve la suerte de seguir ampliando horizontes cada vez menos difusos, donde la elegancia y la clase obrera de la lírica se ponen al servicio de una técnica que la rompe. Esta vez les quiero contar acerca de la noche que tocaron en la sala Bodoc de HastaTrilce, las gentes de Vaho, banda de Santa Fe, y el cuarteto tan poco terrenal llamado Arcano que presentaba su debut discográfico Periferia Vol.I.

Abrieron la noche los locales, con esa suerte de bruma que acontece en algunos lugares del alma cuando lo despiadado se rinde ante el Tango… O ese es mi flash. Tal vez debería remitirme a lo bien que han entrado en cada interpretación, el brillo que le están sacando a las tablas, el oficio que están adquiriendo, hacer mutis por el foro y continuar… Pero no puedo. Muchas veces no llega a comprenderse a los que, como yo, disfrutamos esta convulsa tara de ser melómanos y no ejercemos como músicos. El agudo parecer que se nos cruza cuando vemos una construcción compleja de armonías y sombras, que busca en el más profundo interior de cada uno alguna reacción que seduzca, o que te haga pensar con profundidad acerca de las varietés metafísicas que te atraviesan de lado a lado con un bandoneón de fondo. La compañía de la música en directo es el cenit total de los que soñamos con encontrar a Calíope algo borracha, vestida a juego con Baires, una suprema gana de reventar la noche y uno tener el permiso de narrarlo. Ok, pues así me sentí cuando tocaron, por ejemplo, “Inundación” de Peralta. Y, a modo personal, sí llegué a percibir por el rabillo del ojo a mi musa mientras sonaba “Letargo”, original de la orquesta, y me dejé estremecer por el pequeño lapso de tiempo que lleva su presencia en el escenario, pero lo prolongada que se sintió en la sala la fuerza de cada instrumento. Un juego entre sombras y luces, con una atmósfera que fue capaz de rasgar el velo también con “ideas son cuchillos”, entre otras. Me paso de metafórico, lo siento, pero no encuentro otra forma de expresarme cuando recibo esos sopapos de metafísica y barrial.

Y hablando de metafísica, cerraron la noche Vaho: una orquesta que sabe conjugar esa estirpe clásica arraigada en una lírica contundente con matices bien humanos, y un colofón de tramos compositivos épicos, jugados y contundentes. En alguna oportunidad mencioné la importancia de apostar por esa búsqueda casi experimental para coincidir con el profundo delirio de quienes escriben música. O algo así. En fin, digo que las armas tomadas por el grupo a nivel instrumental son afiebradas en momentos donde parece atravesar una pared sagrada, y ya no es sólo el sonido de cada cuerda o fuelle. Es el cuerpo del ejecutante quien intenta a través de algún mantra corporal aportar un extra que, de verdad, puede percibirse. Contrabajo y chelo van a una, complementando esa mirada oscura del bandoneón. El violín se luce saltando entre acordes delicados y ligeros, a momentos de armonías trepidantes que buscan el límite de la escala. La pianista juega acercando profundidad o melancolía cuando es necesario, y se mete en esos momentos donde el tornado de Vaho no frena y pisa a fondo con una fase, si me permiten, experimental pero soberbiamente tanguera. Recomiendo ferozmente oír los tangos “Vaho”, “Monosílabo” y “Desidia”. Puntualmente en este orden.

Con respecto a las letras. Me caló hondo la melancolía retrospectiva y llena de lodo en “Claroscuro”, acercando una infinita maestría por parte de la cantora, tanto a la interpretación como a la escritura. Imágenes claras, contundentes, sin abusar de la metáfora. Brillante para pensar con profundidad temas urgentes como: “antes de adiestrar al “a dónde voy”, necesito sentir el “desde dónde he venido”. Nos veremos por allí.

Poco queda por contarles, de momento, acerca de estas últimas veladas que estamos viviendo en la sala Bodoc, donde Revista El Sordo organiza estas tertulias de apertura espiritual, diría yo, donde queda claro que: cuando el hacer músicas de Tango es más una función elemental y básica (como respirar o beber), sobran las palabras de introspección y búsqueda de reconocimiento. Gracias a las Orquestas que siempre buscan un poco más, contando un poco menos. Para eso estamos los que escribimos de ustedes.