CRÓNICAS DEL TANGO NUEVO – Por Sebas Abdala
Siempre estoy volviendo.
Es un yeite que me molesta, así como estar con el tiempo justo para poder contar lo que se vive los sábados a la noche en Hasta Trilce, puntualmente en la Sala Bodoc, donde El Sordo sigue emperrado en el Tango Nuevo.
Lamentablemente me perdí shows que fueron una puntada de lirismo y técnicas. Me refiero a Astillero, a quienes podemos ver todos los martes en Pista Urbana, y que con su presencia compleja hacen fuego en lo habitual, con un pulso porteño y preciso.
También hablo de Majo Carrizo y Pablo Sensottera y su aura tan callejera, tan de rincones populares como sorpresivos. La arrabalera y compleja armonía de dos poetas que tienen rebelión, tan contundente como una lluvia de finales de marzo.
Hoy les quiero contar de lo continuo, de lo que se percibe luego de una trémula temporada de figuras casi fantasmales. Hablo de Pura Racha y sus «Resonancias Oscuras».
Antes de embarcarme en su nueva formación y su evidente conocimiento del oficio, quiero rememorar el show que dieron en la Biblioteca Nacional en diciembre pasado, con la luna llena más ardiente de los últimos estertores de 2025 en un homenaje al más reciente maestro del terror psicológico: Alberto Laiseca. Esa noche, como es el estilete de Pura Racha, no solo refrendaron su repertorio de narraciones en un contexto maravilloso sino que, además, tuvieron el buen tino de leer/interpretar textos llenos de locura y espíritus que pertenecen a la más oscura saga de nuestra identidad.
Con un toque de infusiones sangrientas, Pura Racha es un juego de sombras que interpretan el Terror como algo tan inherente al Tango que te borra por instantes del mapa melancólico. Antes de la aparición del Beto Flores y su galanura verbal y profunda, canciones como «Tundra», original de Pétalo Selser, revelaban esas extensiones de un modo romántico fulminante. Pero no me refiero al romance de despedida o espadas y suspiros, sino al romanticismo de una tisis que se roba el aire de la razón y te deposita en brazos de una locura concreta.
Si algo tuvo en común la presentación de esta noche con la intervención de la orquesta Arcano fue el aplomo de las interpretaciones, sostenido como un ejercicio continuo: vuelvo a transitar el hilo sin caer en algo dictado por la memoria. Vi caras nuevas en escena y antes de los primeros acordes me pregunté, como buen salame redactor que nunca tocó un instrumento, si acaso los nuevos engranajes tendrían el mismo tenor. Apenas atravesado el ecuador de «Vicios» descubrí que Pura Racha es una entidad que posee, en el sentido más
oscuro y religioso del término, una voracidad que te arrasa y revolea en la parte más triste de los cementerios: el osario de aquellos que no fueron esperados por alguien.
Los temas interpretados fueron:
Vicios
Tundra
Bartolo
Mezcal
Boca floja
Nosferatu
Juan piyama
Turco
Drama circular
Cielo cromo
Y los artistas que ejercieron con cierta grieta mental:
Beto Flores (Voz)
Nestor Dominguez (Piano)
Maximiliano Scialom (Contrabajo)
Micaela Gonzales (Violonchelo)
Camila Ramírez (Violín)
Damián Cegarra (Bandoneón)
Ahora bien: abrieron las gentes de Arcano. Sí, estoy casi seguro de que así ocurrió, y hago este comentario para volver al hito de esta crónica: siempre volviendo al mismo lugar.
El año pasado tenía pendiente varias cosas que luego dejaron de serlo para convertirse en habituales. Una de ellas fue ver a la señorita Di Pierro o a Morales en diferentes instancias. Y me subyugaron por la clase y la certeza de sus actuaciones. No descubro nada si les digo que Arcano es un puntal del Tango Nuevo, y mucho menos que tienen un arsenal de arrabales en los dedos y en sus trabajos por venir. Nominados a los Premios Tango Siglo XXI como disco revelación con «Periferia Vol. I» en un set pequeño y místico entregaron hitos que representan un despliegue que acerco más a la elucubración que a la inspiración, en un tramo, simplemente, feroz.
«Narcótica», de Duilio Yeck, y «Fiebre», de Pétalo Selser, fueron parte de un cierre perfecto. Y digo esto porque en vez de lucir sus propias cartas con «Ideas son cuchillos» o «Locura», ambas de Ramiro Morales, eligieron cerrar con dos versiones que me hicieron flashear con una imagen casi litúrgica: cuatro personas, apenas armadas con sus puños limpios, en abierto enfrentamiento contra un Universo que castiga a los que no se rinden al «trending» y que se agrandan cada vez que pisan el escenario. La interpretación de «Fiebre», tan íntima y solitaria como mancomunada por sus nuevas caras, fue también brillante.
Los integrantes de Arcano son:
Tatiana Girotti piano
Elías Llampa contrabajo Ramiro Morales bandoneón Martina Di Pierro violín.
Y las músicas entregadas fueron:
Inundación (Julián Peralta y Juan Seren)
Aire sin final (Alfredo Tape Rubín)
Ideas son cuchillos (Duilio Yeck)
Cueva (Ramiro Morales)
Letargo (Ramiro Morales)
Locura (Ramiro Morales)
Narcótica (Duilio Yeck)
Fiebre (Pétalo Selser)
Fue una noche en la cual volver a Hasta Trilce, encontrar caras conocidas y esa sonrisa de la calma del que sigue en sus cabales, con esa locura descabellada, aunque más descansada y firme, me hizo sentir en la repetición de un yeite que se reitera, no por tozudez vacuna sino por el ejercicio efectivo de pertenencia y… sí, algo de locura.
Sebas Abdala